Siempre he dicho que en lugar de un pan los niños tendrían que venir con un manual de instrucciones bajo el brazo. Y ahora que soy padre lo confirmo.
Hace tres semanas que nació mi primer hijo. Me queda mucho por vivir (espero), pero puedo asegurar que para mí no habrá nada comparable en mi vida con esta experiencia (bueno si, otro hij@). Aunque aquí no voy a contar como fue el parto, al que afortunadamente pude asistir, porque quiero que quede como algo íntimo entre mi mujer, mi hijo y yo.
En este blog voy a intentar explicar como se ve la vida desde el punto de vista de un padre primerizo, mis alegrías y mis preocupaciones durante el crecimiento de mi(s) hijo(s). Además de contar mis dudas intentaré transmitir mis modestos conocimientos para que también puedan servir de ayuda a otros padres.
Por eso, si vinieran con un libro de instrucciones, este blog no tendría ningún sentido. Os imaginais: cuando llore y patalee cogemos el manual y nos dirigimos a la sección “lloros y pataletas” y allí nos explican: “cuando el niño llore y patalee sin parar al mismo tiempo puede deberse a un error de configuración del software. En ese caso, reinicie el sistema y proceda a instalar de nuevo el programa de configuración. Si aún así el problema persiste, por favor pongase en contacto con el servicio técnico más cercano.” Pero desgraciada, o mejor dicho, afortunadamente, esto no es así, y primero tenemos que “adivinar” a que se debe el llanto para después intentar calmarlo.
A mí me ha pasado algo así en su primera semana de vida. Mi mujer y yo siempre hemos estado convencidos de querer alimentar a nuestro hijo con leche materna hasta, por lo menos, los cuatro primeros meses porque creemos (y está comprobado) que el mejor alimento para el bebé es la leche de su madre. Además, esta creencia se acrecentó al dar a luz en el Hospital de Fuenlabrada, único hospital de la Comunidad de Madrid Amigo de los Niños por su defensa de la lactancia materna.
Por desgracia no vamos a poder hacerlo y ahora os contaré por qué.
Durante los dos o tres primeros días nuestro hijo se agarraba bien al pecho y dormía bien después de cada toma. Al cuarto día el niño ya estaba muy molesto y no paraba de llorar y por lo tanto no dormía (ni nosotros tampoco) por lo que acudimos a urgencias. Allí le diagnosticaron estreñimiento (llevaba unos días sin hacer pero nos dijeron que podia ser normal) y cólicos del lactante, le sondaron y echó algo de meconio que le quedaba y al día siguiente estuvo mejor. Pero un día después volvió a llorar sin parar. Volvimos a urgencias y después de hacerle varias pruebas y ver que no había cogido peso dieron con la solución: el niño tenía… ¡HAMBRE!
Parece ser que a mi mujer no le ha subido la suficiente leche como para que el bebé se quede saciado. Así que a parte del pecho tenemos que darle un biberón en cada toma. Finalmente creo que acabaremos dandole solamente el biberón porque las tomas son eternas y se juntan unas con otras.
Por eso, si veis que los primeros días vuestro bebé no para de llorar y no duerme, aseguraos primero de que no le estais “matando de hambre”.
Claro que si hubiese tenido un manual de instrucciones esto no me habría pasado… o sí.
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